Las relaciones entre España y Estados Unidos conforman un todo. No puede haber terrenos estancos en los que el trato sea cordial (defensa) junto a otros abiertamente hostiles (comercio). Este es el mensaje que las ministras de Exteriores y Defensa, Arancha González Laya y Margarita Robles, transmitieron el jueves al embajador de EE UU en España, Duke Buchan. Washington no puede esperar que la cooperación militar se incremente mientras impone aranceles y sanciona y amenaza a empresas españolas, según explican fuentes gubernamentales.
El Ministerio de Asuntos Exteriores presentó la entrevista como una primera toma de contacto de la nueva jefa de la diplomacia española con el representante de la Administración Trump en España. El encuentro se produjo apenas 48 horas antes de que González Laya mantenga hoy una conversación telefónica con el secretario de Estado, Mike Pompeo.
Sin embargo, el objetivo de este insólito encuentro (dos ministras con un embajador) fue más allá de lo protocolario: por vez primera, la cooperación militar se presentó como un elemento más de las relaciones bilaterales, junto a las políticas, económicas o culturales. Esta actitud supone un giro en la posición española, que hasta ahora pasaba por “encapsular” la presencia militar estadounidense en España aislándola del resto de elementos, incluso en las etapas de mayor frialdad, como cuando el entonces presidente George W. Bush ninguneó al español, José Luis Rodríguez Zapatero.
En los últimos meses, el Gobierno español ha autorizado a EE UU a sustituir los cuatro destructores lanzamisiles desplegados en Rota (Cádiz) por buques más modernos dotados de helicópteros embarcados. Esa medida supone incrementar la presencia estadounidense en la base con una nueva unidad aérea. Además, el Pentágono ha sondeado al Gobierno español para desplegar en Rota seis destructores en lugar de cuatro; es decir, aumentar un 50% su fuerza naval, con 600 marineros más.
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